Sistemas de armas autónomos: Asegurar un control humano basado en el respeto a la dignidad de la vida

El Comité de Perspectivas Globales de la SGI emitió la siguiente declaración el 23 de julio de 2026, con vistas a la Séptima Conferencia de Examen de la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales (CCAC), que tendrá lugar en noviembre de 2026.

Una joven observa una gran pantalla donde se despliega una visualización en 3D de color azul que representa una red neuronal de IA.
[Foto de gorodenkoff/istock]

«Preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la Humanidad sufrimientos indecibles…».

En junio de este año se ha conmemorado el 81.ᵒ aniversario de este compromiso colectivo de la humanidad, enunciado en el Preámbulo de la Carta de las Naciones Unidas, fruto de una honda y dolorosa reflexión sobre dos guerras mundiales que cobraron a todos los pueblos un costo invalorable en vidas humanas.

Desde la fundación de las Naciones Unidas, la comunidad internacional ha bregado sin pausa por la resolución de los enfrentamientos y por el establecimiento de la paz, incluso en situaciones de constante crisis, como la prolongada división global que caracterizó los años de la Guerra Fría. También, los diversos tratados de desarme han ido concertándose paso a paso con el firme apoyo de la sociedad civil.

Dos filas de banderas bordean un camino verde que conduce a un edificio amarillo.
Las banderas de los Estados miembros de la ONU flanquean el camino que conduce a la entrada de su sede en Ginebra, Suiza [Foto de Krasnevsky/istock]

Con todo, hoy nos vemos ante circunstancias que amenazan con corroer, desde las bases, estas largas décadas de colaboración internacional. Con el agravamiento de los conflictos y el uso de la fuerza militar en Ucrania, Medio Oriente, África y otras regiones, en años recientes, el mundo está lejos de revertir un estado en que «[se están violando] los principios básicos del derecho internacional humanitario de manera cotidiana y deliberada», como ha alertado, entre otros organismos, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).

A causa de ello, infinidad de ciudadanos civiles —entre ellos, niños, mujeres, personas mayores y enfermas— continúan sufriendo, una y otra vez, las consecuencias devastadoras de estas conflagraciones.

A estas preocupaciones se suman el hecho de que los actuales enfrentamientos sirven como catalizador para el rápido desarrollo y despliegue de armas que incorporan tecnologías emergentes, como la inteligencia artificial (IA). Esta situación —que, como ha advertido el CICR, refleja «una forma brutal de hacer la guerra, agravado por drones y armamento avanzado»— se ha vuelto evidente en Sudán, donde la prolongada acción bélica ha sometido a la población civil a ataques implacables.

Si estas tendencias peligrosas e inhumanas continúan, el umbral para el uso de la fuerza será cada vez más bajo, y esto, potencialmente, amplificará tragedias que pondrán aún más en riesgo la vida y la dignidad de incontables personas.

Ante este panorama, la Soka Gakkai Internacional (SGI) desea pronunciarse con un llamamiento a establecer, de manera urgente, un marco normativo internacional que regule los sistemas de armas autónomos (AWS, por sus siglas en inglés), incluyendo los que emplean IA y, sobre todo, a acordar la prohibición exhaustiva de sistemas diseñados para seleccionar y atacar objetivos humanos.

Incremento de Estados que buscan empezar a negociar un tratado

En sentido general, los AWS se definen como armas con capacidad de seleccionar y emplear la fuerza para atacar objetivos, en forma autónoma, prescindiendo del control o de la supervisión de agentes humanos. Actualmente, la inquietud de la comunidad internacional sobre estas armas es cada vez mayor, no solo porque varios países ya están desarrollando sistemas de este tipo sin regulación, sino porque, en algunos casos, los niveles preocupantes de autonomía ya son un hecho.

Estamos a las puertas de un momento decisivo, en vísperas de la Séptima Conferencia de Examen de la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales (CCAC), que tendrá lugar en noviembre de 2026.

En el discurso internacional, los AWS con un alto potencial destructivo se denominan «sistemas de armas autónomos letales» (LAWS, por sus siglas en inglés)1. En estos momentos, el debate global tendiente a establecer regulaciones y prohibiciones claras sobre esta clase de armas se acerca a una instancia crucial. En septiembre de 2025, el Grupo de Expertos Gubernamentales (GEG) sobre los LAWS emitió una declaración conjunta que contó con el apoyo inicial de 42 Estados dispuestos a entablar negociaciones para crear un instrumento jurídico que regule su uso operativo; en la siguiente reunión de este grupo, en marzo de 2026, la adhesión a esta iniciativa ya había ascendido a 70 países. Estamos a las puertas de un momento decisivo, en vísperas de la Séptima Conferencia de Examen de la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales (CCAC), que tendrá lugar en noviembre de 2026.

A través de un comunicado conjunto, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, y la presidenta del CICR, Mirjana Spoljaric, han urgido a los países a iniciar negociaciones para suscribir un nuevo instrumento jurídico vinculante que establezca claras prohibiciones y restricciones sobre los AWS.

A su vez, en mayo de 2026, el papa León XIV dirigió una grave advertencia sobre las armas operadas por IA, en su encíclica Magnifica Humanitas: Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. En ella, se lee:

«La IA no libera al conflicto de su intrínseca inhumanidad: solo puede hacerlo más rápido e impersonal, bajando el umbral del recurso a la violencia y transformando la defensa en previsión operativa, con las víctimas reducidas a datos. Así, nos acostumbra a la idea de que la violencia sea inevitable y solo deba optimizarse».

Creemos con firmeza que las decisiones y los juicios de peso capital, que conllevan graves consecuencias para la vida y la dignidad humanas, en ningún caso deben delegarse o dejarse en manos de la IA.

La SGI apoya firmemente estos llamamientos y se suma a las preocupaciones que en ellos se expresan, dado que resuenan profundamente con el principio de la dignidad de la vida, pilar fundamental del budismo que profesamos. Creemos con firmeza que las decisiones y los juicios de peso capital, que conllevan graves consecuencias para la vida y la dignidad humanas, en ningún caso deben delegarse o dejarse en manos de la IA.

No deje de ver este documental de 23 minutos que analiza la complejidad de la toma de decisiones humanas, así como los peligros y las cuestiones éticas que plantean las armas autónomas.

La SGI participa, desde 2018, en la coalición Stop Killer Robots (SKR), una campaña de la sociedad civil global que impulsa la prohibición y la regulación de los AWS. Además promueve una mayor concienciación en la ciudadanía a través de apoyar diversas iniciativas como la difusión del documental Immoral Code (Código inmoral), que pone de relieve las graves cuestiones éticas planteadas por dichas armas a la luz del derecho internacional humanitario.

Por otra parte, en colaboración con otras entidades religiosas, la SGI ha expresado su preocupación por las armas totalmente autónomas desde perspectivas éticas y morales. A título de ejemplo, en 2021, se sumó al Consejo Mundial de Iglesias y a otras agrupaciones confesionales para emitir una declaración interreligiosa conjunta sobre los «robots asesinos», titulada A Plea for Preserving Our Shared Humanity (Un llamamiento a proteger nuestra humanidad compartida), donde se enuncia la necesidad de «un firme y urgente rechazo al desarrollo de armas totalmente autónomas, para preservar la humanidad que nos une». Asimismo, mediante declaraciones presentadas en numerosas conferencias y foros internacionales, ha alertado constantemente sobre los peligros inherentes a las armas completamente autónomas, que convierten a los seres humanos en meros datos y tienden a normalizar patrones deshumanizadores.

Ataques sin escrúpulos ni conciencia

En vista de lo antedicho, merece destacarse que, en 2014 —año en que se llevó a cabo la Primera Reunión Informal de Expertos sobre Sistemas de Armas Autónomos Letales, en el marco de la CCAC, en Ginebra—, el presidente de la SGI, Daisaku Ikeda (1928-2023) expresó la siguiente advertencia en su diálogo con el doctor Kevin Clements, especialista en estudios sobre la paz:

«Ante la orden de atacar, un arma robótica procede al exterminio de forma automática, sin intervención de la voluntad humana y, en consecuencia, sin posibilidad de escrúpulos, conciencia o remordimiento. Así pues, representan una amenaza de extrema gravedad, especialmente desde el punto de vista humanitario. Al igual que en el caso de las armas nucleares, lo que subyace a la posesión de estas armas es la fría lógica que justifica la aniquilación total y absoluta del supuesto enemigo, sin discernir entre civiles y combatientes».2

Las decisiones referidas a los ataques nunca deben dejarse totalmente en manos de las máquinas.

A partir de esta honda preocupación, el presidente Ikeda exhortó al establecimiento urgente de un marco internacional regulatorio que prohibiera el desarrollo y el despliegue de este tipo de armas. En ese entonces, los AWS dotados de IA y otras tecnologías emergentes eran considerados «armas del futuro»; como tal, en el ámbito internacional aún no se registraba como necesidad imperiosa establecer un régimen jurídico que las regulara. Hoy, sin embargo, ya no son una posibilidad remota, sino un peligro presente y cada vez más inmediato.

En las sucesivas reuniones del GEG sobre los LAWS, ha ganado consenso la moción de asegurar un «control humano significativo» sobre el manejo de estas armas. En las deliberaciones de marzo, se reconoció más claramente la importancia de reforzar este principio dando centralidad a la idea de garantizar el «control y discernimiento de carácter humano, adecuado al contexto», capaz de considerar no solo las circunstancias y el entorno en que se despliegan estas armas, sino también los requerimientos del derecho internacional humanitario.

En otras palabras, las decisiones referidas a los ataques nunca deben dejarse totalmente en manos de las máquinas; es indispensable que exista una participación humana significativa en el desarrollo y el uso operativo de estas armas autónomas, con una clara responsabilidad jurídica de su empleo.

En el contexto de estos acontecimientos, durante la mencionada reunión de marzo, el CICR ha propuesto que dicho instrumento regulatorio incluya una cláusula a los efectos de prohibir los AWS antipersonales, recalcando que esta medida sería imprescindible para asegurar el cumplimiento del derecho internacional humanitario. La coalición SKR ha respaldado esta propuesta y hace un llamamiento a los gobiernos a establecer normas jurídicas y éticas para impedir que la humanidad persista en su peligroso derrotero hacia la aniquilación automatizada.

Por ende, instamos a que la prohibición de los AWS diseñados para atacar a los seres humanos sea un pilar fundamental del marco internacional regulatorio que gobierne dichos sistemas.

La SGI se adhiere firmemente a esta posición. Por ende, instamos a que la prohibición de los AWS diseñados para atacar a los seres humanos sea un pilar fundamental del marco internacional regulatorio que gobierne dichos sistemas.

La próxima reunión del GEG tendrá lugar del 31 de agosto al 4 de septiembre de 2026. Sobre la base de la mencionada declaración conjunta, que ya cuenta con el apoyo de 70 países, esperamos que, en esta sesión final, se lleven a cabo deliberaciones constructivas, y que el informe que habrá de presentarse, en noviembre, a la Conferencia de Examen de la CCAC enuncie una clara política para iniciar negociaciones con miras a establecer un tratado que prohíba los AWS antipersonales.

Las reflexiones del presidente Ikeda sobre los LAWS

En su propuesta de paz de 2019, Daisaku Ikeda ofreció la siguiente perspectiva, en la cual expuso lo que, a su criterio, era el reto ético más delicado que representaban estos sistemas de armas autónomos:

«Si los sistemas de armas autónomos letales quedaran exentos de regulación o llegaran incluso a ser usados, transformarían de manera irreversible el carácter de la guerra. Los sistemas de armas totalmente autónomos crean no solo una desconexión física —en que quienes dirigen las agresiones no estén en el mismo lugar que los objetivos, como ya se ha visto en el caso de los ataques con drones—, sino también una desconexión ética que aísla por completo al iniciador del ataque de la operación de combate propiamente dicha».

Tras un ataque perpetrado por los LAWS, ¿habría espacio para las reflexiones morales que, tradicionalmente, surgen luego de una conflagración armada?

El presidente Ikeda señaló un contraste con una experiencia relatada por el exmandatario alemán Richard von Weizsäcker (1920-2015), cuando este se topó con el ejército oponente durante la Segunda Guerra Mundial: «Dado que la gran preocupación de ambos bandos en el combate era la propia supervivencia, cabía pensar que nuestros enemigos no eran tan distintos de nosotros». En relación a esto, el presidente Ikeda planteó desde dos perspectivas diferentes su inquietud respecto a que los LAWS alteren fundamentalmente la naturaleza del conflicto bélico. En primer lugar, una vez desplegadas estas armas, ¿cabe alguna posibilidad de que se abstengan de lanzar un ataque —así sea por un instante—, impulsadas por el reconocimiento de nuestra humanidad compartida y de la compleja trama de sentimientos humanos que trascienden las divisiones entre aliados y enemigos? A su vez, tras un ataque perpetrado por los LAWS, ¿habría espacio para las reflexiones morales que, tradicionalmente, surgen luego de una conflagración armada, como el profundo remordimiento por las propias acciones, la angustia ante el sufrimiento causado por la guerra y la determinación sincera, como seres humanos, de reconstruir las relaciones pacíficas en bien de las generaciones futuras?

Guiada por estas perspectivas, la SGI ha abogado en cada oportunidad por la prohibición y el control de los AWS, consciente de la naturaleza profundamente atroz de estos sistemas de combates autónomos que operan sin control humano significativo.

El peligro y la aflicción de trivializar la vida humana

Los debates que han tenido lugar en diversos foros internacionales, haciendo hincapié en la inhumanidad intrínseca de estos sistemas, han expresado una y otra vez la inquietud de que ellos puedan socavar el derecho internacional humanitario, que prohíbe los ataques contra la población civil y el uso de las armas para infligir daño indiscriminado. También han advertido de que la incorporación de los AWS diseñados para minimizar las bajas en el bando atacante podría reducir significativamente el umbral del uso de la fuerza militar.

Además de estas preocupaciones humanitarias, la SGI ha reparado en forma reiterada, desde la perspectiva budista de la dignidad de la vida, que los AWS convierten a los seres humanos en meros «datos» algorítmicos. Este borrado digital de la condición humana instala el peligro de trivializar la vida misma y el inmenso sufrimiento que acarrean las guerras, lo que atenta contra las mismísimas bases de la dignidad humana.

Dos personas: una mirando el móvil y la otra, una gran pantalla que tiene delante.
Explore el tema de la deshumanización digital en la exposición interactiva «Automated by Design (Automatizado por diseño)», producida por Identity 2.0 para Stop Killer Robots con el apoyo de Amnistía Internacional y la SGI. Descubra qué podría significar para uno la humanización digital en esta serie de debates moderados por Hayley Ramsay-Jones de la SGI [© Alexander Bitar]

Más aún, los riesgos intrínsecos de los AWS han sido señalados en numerosas oportunidades. Entre ellos, se destaca la cuestión ampliamente documentada de que estos sistemas generen resultados incorrectos o engañosos a causa de datos inexactos o interpretaciones erróneas —fenómenos que se conocen como «alucinaciones»—; otro problema señalado es el de la naturaleza opaca e incognoscible de la «caja negra», dado que la mente humana no logra entender por completo los procesos empleados por estos sistemas para aprender, procesar datos y tomar decisiones. Los daños causados por estos fallos impredecibles de identificación o de funcionamiento, así como el vacío de responsabilidad moral o jurídica que recae sobre los AWS, podrían provocar y extender aún más la pérdida de seres queridos, familiares y amigos, dejando un dolor irreparable en muchas personas.

Desde la perspectiva de los derechos humanos, la SGI ha puesto siempre en primer plano en el debate internacional el riesgo de que los algoritmos de la IA reflejen e incluso refuercen sesgos sociales tendenciosos, sobre todo de índole étnica, racial o identitaria. En particular, existe el grave peligro de que, al clasificar a las personas en perfiles rígidos y al catalogarlas según sus características y patrones de comportamiento, los AWS apunten contra ciertos individuos sobre la base de su «predicción automatizada de criminalidad»; es decir, la suposición arbitraria de que los integrantes de determinados grupos habrán de actuar de ciertas maneras predecibles en el futuro.

El patrimonio común de la humanidad como base del derecho internacional humanitario

Además de nuestra profunda inquietud por la inhumanidad intrínseca de los AWS, deseamos poner de relieve otro peligro de gran trascendencia: si estos sistemas de armas autónomos se generalizan y se convierten en el medio convencional de despliegue bélico, sin una regulación internacional estricta, el poder de frenar los conflictos armados quedará fuera de control de los seres humanos. Mientras continúan aumentando las víctimas civiles y los ataques indiscriminados se vuelvan más frecuentes en diversos enfrentamientos alrededor del mundo, la preocupación por el estado del derecho internacional, particularmente en su vertiente humanitaria, ha alcanzado niveles sin precedentes.

Si, con el uso no regulado de los AWS, los ataques contra la población civil adquirieran un carácter semiautomático, no habría espacio para el freno moral de la conciencia humana, que, desde siempre, ha sido uno de los basamentos del derecho internacional.

Diferentes manos se unen formando un círculo y simbolizan la unión.
[Foto de Cecilie_Arcurs/istock]

En mayo de 2024, se llevó a cabo un coloquio internacional en la sede del CICR en Ginebra, con motivo del 75.ᵒ aniversario de los Convenios de Ginebra —piedra angular del derecho internacional humanitario—, cuyo tema central fue la importancia de dichos tratados como herencia mancomunada del género humano.

El «patrimonio común de la humanidad», como concepto, lleva implícito el papel fundacional que, a lo largo de la historia, han tenido las religiones, tradiciones y culturas a la hora de establecer normas que protejan a los seres humanos en tiempos de guerra. El ideal de salvaguardar a las personas en situaciones bélicas, de hecho, ya existía desde mucho antes de convertirse en una norma universal del derecho internacional. Para asegurar que este criterio perdure, es esencial que, una vez más, prestemos atención a los ideales y valores que el género humano ha transmitido como legado espiritual, generación tras generación.

Una parábola budista sobre el restablecimiento de la paz

Las enseñanzas budistas brindan lecciones sobre la guerra y la paz en diversos formatos. Un ejemplo notable es la parábola del «kalpa de las armas» —o «era de los armamentos»— que aparece en el Dirghagama, recopilación de textos budistas tempranos. Allí se narra cómo el abandono por parte de un monarca de las inveteradas leyes que priorizaban el bienestar del pueblo condujo gradualmente a la decadencia social y moral de su reino. Con el tiempo, sus habitantes se dedicaron a atacar a cualquiera con quien se cruzaban, al igual que los cazadores se lanzan a matar ciervos indiscriminadamente cuando ven una manada. Como resultado, el mundo entró en un «kalpa de las armas», lo que provocó una drástica merma en la duración de la vida.

El ejemplo de resistencia de estos individuos sirvió para que la sociedad recuperara, en forma gradual, la práctica compasiva de la benevolencia y se restableciera la paz.

Sin embargo, aun en medio de estas condiciones extremas de violencia sin freno, hubo quienes rehusaron ser arrastrados por ese ciclo sanguinario declarando: «Si no me haces daño, no te atacaré». Cuando estos sobrevivientes se encontraron más tarde entre sí, se regocijaron exclamando: «¡Estás vivo!», «¡Estás viva!», y recibían a completos desconocidos como si fuesen miembros de su propia familia. El ejemplo de resistencia de estos individuos sirvió para que la sociedad recuperara, en forma gradual, la práctica compasiva de la benevolencia y se restableciera la paz. De esa forma, volvió a prolongarse la extensión de la vida humana.

Si, en la guerra moderna, los AWS se convirtieran en práctica habitual, el solemne compromiso humano de no hacer daño a otros perdería todo sentido y peso moral. Sin negar que los Estados tienen la responsabilidad esencial de velar por su seguridad nacional, instamos enfáticamente a la comunidad internacional a establecer un claro límite contra cualquier nuevo armamento que amenace de manera fundamental el derecho universal a la vida de todos los seres humanos.

Instamos enfáticamente a la comunidad internacional a establecer un claro límite contra cualquier nuevo armamento que amenace de manera fundamental el derecho universal a la vida de todos los seres humanos.

Evitar la destrucción y la división a través de un cambio de enfoque

Los Estados reacios a regular los AWS suelen argumentar que mejorar la precisión de sus objetivos ayuda a reducir las bajas civiles. Sin embargo, ¿seguirían pensando lo mismo cuando, en un futuro conflicto, su propia población fuese blanco de ataques a manos de otras naciones que hubieran desarrollado este tipo de tecnología?

En su propuesta de paz de 2015, Daisaku Ikeda ofreció una elocuente perspectiva sobre los derechos humanos. Aunque el análisis se aplicaba a una cuestión distinta del desarme, allí el autor sugirió un cambio radical de enfoque:

«Para cualquier persona, las expresiones de violencia o de opresión basadas en prejuicios contra el individuo o la familia resultan inaceptables. Pero cuando esa misma violencia se dirige contra los grupos étnicos o contra los pueblos, no es tan infrecuente que se la justifique en nombre de algún defecto o error atribuido colectivamente a las víctimas.

Esto muestra cuán importante es el esfuerzo por entender a los demás y por ver las cosas a través de los ojos de los semejantes. Sin esta autodisciplina —especialmente en épocas de tensiones sociales— a nuestra mente le es muy fácil esgrimir ideas subjetivas sobre lo que es la “justicia” o la “paz”, y en nombre de ellas amenazar la vida y la dignidad de los demás».

Por su propia naturaleza, las cuestiones atinentes a la paz —al igual que los derechos humanos— deben abordarse con el criterio de asegurar que todas las personas sean protegidas de manera igualitaria.

Creemos que reexaminar la cuestión mediante un cambio de perspectiva de esta índole será muy útil para que las deliberaciones entre Estados sobre la regulación y la prohibición de los AWS resulten más constructivas. La SGI ha promovido activamente diálogos interculturales e interreligiosos sobre problemas globales como el desarme y los derechos humanos, a la vez que ha fomentado sin pausa los intercambios culturales y educativos en el nivel ciudadano. Hemos mantenido esta incesante labor convencidos de que transformar la manera en que nos percibimos —mediante diálogos e intercambios que trasciendan el marco de Estado-nación— es indispensable para abrir rutas a la paz mundial y para ampliar la red solidaria global dedicada a superar los retos en común de la humanidad.

Una carretera bordeada de árboles con un resplandor de sol al final.
[Foto de H_Barth/istock]

Por su propia naturaleza, las cuestiones atinentes a la paz —al igual que los derechos humanos— deben abordarse con el criterio de asegurar que todas las personas sean protegidas de manera igualitaria. Sobre esta base debemos actuar, si queremos evitar que la humanidad sea empujada a la división y a la destrucción.

La SGI está decidida a colaborar con los Estados que reclaman la regulación y la prohibición de los AWS, con el CICR y con las muchas organizaciones de la sociedad civil y comunidades religiosas que integran la coalición SKR. Con nuestro esfuerzo por expandir la solidaridad global ciudadana, teniendo como eje central a la generación joven que dará forma al futuro, aspiramos a generar un poderoso oleaje de apoyo para la adopción de un tratado jurídico vinculante.

Texto en azul marino sobre fondo azul claro y turquesa.

El Comité de Perspectivas Globales de la SGI emite comunicados en los que sugiere enfoques para la resolución de los retos globales más acuciantes, basándose en las ideas defendidas por el presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, en sus propuestas de paz . El comité está formado por líderes de la SGI que participan en actividades por la paz en diversos países de África, la región de Asia-Pacífico, Europa, América del Norte y América Latina.

  • *1Oficina de Asuntos de Desarme de las Naciones Unidas (UNODA): «Sistemas de armas autónomos letales». Disponible en: https://www.unoda.org/es/our-work/emerging-challenges/lethal-autonomous-weapon-systems (Fecha de acceso: 10 de agosto de 2026).
  • *2Clements, Kevin P. y Daisaku Ikeda: Toward a century of peace: a dialogue on the role of civil society in peacebuilding (Hacia un siglo de paz: diálogo sobre el papel de la sociedad civil en la construcción de la paz), Nueva York: Routledge, 2019, pág. 141.